Crucifixión

Crucifixión
Murio en la Cruz para salvarnos del alcohol

Tavo en la faceta de travesti

Tavo en la faceta de travesti

El método científico -El método creacionista

El método científico -El método creacionista

El conejo feo

El conejo feo
para los emos ^^,

sábado 11 de octubre de 2008

CREDO RACIONAL

Creo en el tiempo,
la materia y la energía,
las cuales constituyen el mundo entero.
Creo en la razón, la evidencia y la mente humana,
las únicas herramientas que tenemos.
Ellas son el producto de fuerzas naturales
en un majestuoso pero impersonal universo
mayor y más rico que lo que podamos imaginar,
una fuente de interminables oportunidades de descubrimiento.
Creo en el poder de la duda.
No pido seguridades tranquilizadoras,
sino abarcar las preguntas
y poder enfrentar mis propias creencias.
Acepto la mortalidad humana.


Tenemos una sola vida;
breve y llena de conflictos,
con chispas de amor y comunión,
comprensión y exploración,
de belleza y creación de nueva vida,
de nuevo arte y nuevas ideas.
Me regocijo en esta vida que tengo
y en la grandeza del mundo que me ha precedido
y en una tierra que persistirá después de mí. clip_image001

viernes 10 de octubre de 2008

Un cura obtiene el mayor premio académico del mundo por probar supuestamente la existencia de Dios

Un cura y matemático polaco se ha embolsado el premio académico mejor dotado del mundo por un estudio que supuestamente muestra cómo las matemáticas pueden ofrecer pruebas indirectas de la existencia de Dios, según The Times. El religioso es el profesor Michael Heller, de 72 años, un filósofo especializado en matemáticas y metafísica, y ayer recibió los 1.069.000 euros del galardón, concedido por la Fundación Templeton en Nueva York.

Las teorías de Heller no se centran tanto en ofrecer pruebas de la existencia de Dios como en suscitar dudas acerca de la realidad. Su especialidad son las fórmulas complejas que son capaces de explicar cualquier cosa, incluso el azar, a través del cálculo matemático. Heller es profesor en la facultad de filosofía en la Academia pontificia de teología de Cracovia (Polonia) y fue amigo del papa Juan Pablo II.

La investigación de Heller "ha ampliado el horizonte metafísico de la ciencia", según fuentes de la Fundación Templeton, que desde hace 35 años concede el premio al Progreso hacia la investigación o desarrollo de realidades espirituales. La cantidad del premio se ajusta anualmente para seguir siendo mayor que la del Premio Nobel, concedido por la Fundación Nobel.

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Un premio muy controvertido

La Fundación Templeton ha sido criticada por su supuesta proximidad a la ideología conservadora y por defender la teoría del diseño inteligente para explicar la evolución. Una de las voces más críticas con la Fundación Templeton es la del biólogo evolucionista británico Richard Dawkins, autor de El espejismo de Dios, ensayo en el que proporciona argumentos científicos para desarmar cualquier forma de religión. Dawkins describe el premio como "una suma de dinero muy grande… que se concede normalmente a un científico dispuesto a decir algo bueno sobre la religión".

La causa de todas las causas

No han trascendido los detalles de la argumentación de Heller, que ha emitido un comunicado en el que reflexiona acerca de la causalidad. "si preguntamos sobre la causa del universo deberíamos preguntar sobre la causa de las leyes matemáticas. Al hacerlo nos situamos en el gran plan maestro de Dios al pensar el Universo, ante la pregunta sobre la causalidad definitiva: por qué existe algo en vez de no existir nada?", señala Heller. "Al preguntarlo, no estamos preguntando sobre una causa como otras causas. Preguntamos sobre la raíz de todas las causas posibles", añade. "La ciencia no es sino un esfuerzo colectivo de la mente humana para leer la mente de Dios desde las preguntas de las cuales nosotros y el mundo parecemos estar hechos".

El castillo 'endemoniado'

Montségur es una peña desolada, hermosa y tenebrosa al mismo tiempo, un bellísimo y sobrecogedor enclave en el Pirineo francés occitano. En lo alto de la roca aparentemente inexpugnable, pero que sin embargo fue violada por el ejército papal en el siglo XIII, hay un sobrio y sólido castillo que parece haber brotado de la misma piedra. Por lo general la gente cree que es el famoso castillo de los cátaros, el bastión final de la herejía, y así suele ser vendido por el sector turístico...
 
... En aquella época, la religión
impregnaba la vida y ser ateo resultaba algo impensable. De manera que todo ese movimiento de progreso, protagonizado por los burgueses y la nobleza provenzal, tenía que tener necesariamente una vertiente religiosa. Y los cristianos que encarnaron esa revolución fueron los cátaros, que eran asombrosamente avanzados para la época. Eran unos herejes muy intelectuales, muy racionales; tradujeron las Escrituras a las lenguas romances, para que todo el mundo pudiera leerlas; consideraban que adorar la Cruz, un instrumento de tortura, era algo perverso y rechazable; abominaban de todas las supersticiones, desde las reliquias (por entonces se vendían por doquier plumas de arcángeles y botellitas de leche de la Virgen) hasta las imágenes sagradas: “¿Por qué te prosternas ante esa estatua? ¿Olvidas que la ha tallado un hombre en un trozo de madera con una herramienta de hierro?”. Tampoco creían en la existencia del Infierno, del que decían que era un invento de la Iglesia para aterrorizar a la gente y mantenerla sometida a su poder. Pensaban que el mal del mundo había sido creado por el Diablo y que Dios era pura bondad, y, por consiguiente, se oponían a todo tipo de violencia; de hecho, los sacerdotes y sacerdotisas ni siquiera se permitían matar animales y eran vegetarianos. Mujeres y hombres eran iguales y ellas también podían convertirse en religiosas, es decir, en Buenas Mujeres, y aplicar el único sacramento cátaro, el consolament o imposición de manos, que servía de bautismo y de extremaunción. Como ya se ha dicho, vivían austera y pobremente de su propio trabajo y, al contrario que los remotos monjes de los poderosos monasterios, convivían en la ciudad con los vecinos, mantenían sus casas siempre abiertas y cuidaban de los pobres, de los ancianos y de los enfermos. Se diría que eran gente amable, sensata y tolerante.

Contra esa gente, contra esos religiosos y esos campesinos y esos burgueses y esos nobles feudales occitanos que creían en el catarismo y en otra forma de vida, Inocencio III convocó una cruzada en 1209. Por primera vez, un Papa decretó que matar cristianos podía ser algo gratísimo a los ojos de Dios y además merecedor de un suculento botín. Durante 20 años, hasta 1229, los ejércitos del Papa y del rey de Francia combatieron contra los condes de Tolosa, Raimundo VI y su hijo Raimundo VII, y contra el joven vizconde de Trencavel, Raymond Roger. Fue una guerra atroz en la que los cruzados escribieron algunas de las páginas más crueles de la historia de la humanidad. Nada más empezar el conflicto, en 1209, las fuerzas papales pasaron a cuchillo a toda la población de Béziers, unas 20.000 personas, niños y mujeres incluidos. La orden partió de Arnaldo Amalrico abate de Citeaux y legado del Papa: “Acabad con todos. Dios reconocerá a los suyos”, dijo el buen Arnaldo. Y después de la masacre, escribió gozosamente en su informe al Pontífice: “La venganza de Dios ha hecho maravillas: hemos matado a todos”. Luego empezaron las hogueras masivas para quemar vivos a los Buenos Cristianos. Como la de 1211 en Lavaur: abrasaron a 400 personas y tiene el amargo honor de ser la mayor pira del Medievo. El feroz Simón de Montfort, que capitaneaba a los cruzados, era un hombre especialmente aterrador: hizo marchar a una fila de cien hombres desde Bram a Cabaret, a cuarenta kilómetros de distancia. Les había sacado los ojos y cortado los labios y la nariz, de manera que los pobres desgraciados parecían calaveras. Al primero de la fila le había dejado un ojo, para que pudiera guiarles, y los demás caminaban apoyando una mano en el hombro de quien llevaban delante.

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La guerra acabó en 1229 con la aplastante victoria de los cruzados, pero esto no pareció suficiente al poder eclesiástico, de manera que el papa Gregorio IX creo la Inquisición en 1231. Cuando los guerreros se marchaban de los pueblos llegaban los inquisidores, monjes dominicos que muy pronto fueron conocidos popularmente como domini canes o perros del Señor. Todos los habitantes occitanos, los chicos desde los 14 años de edad y las chicas desde los 12, estaban obligados a declarar ante los inquisidores, que fueron peinando la región en busca de herejes y cubriendo la tierra de macabras piras. Eran tan odiados como temidos, y el pueblo, desesperado, intentó un par de revueltas contra la brutal opresión. La insurrección más importante sucedió en 1242. El detonante fue el asesinato de dos inquisidores en Avignonet y la destrucción de sus actas. La gente, esperanzada con la muerte de los verdugos, se lanzó a la calle, y el conde Raimundo VII de Tolosa se alzó en armas, creyendo que el rey de Inglaterra le ayudaría en su lucha contra el Papa y el rey de Francia. Pero se equivocó y fue rápidamente vencido.

Y aquí regresamos a Montségur. El castro fortificado era el hogar de Raymond de Pereille, un viejo noble creyente del catarismo. Parecía un lugar imposible de ser tomado por las armas y allí se fueron refugiando a partir de 1230 cuantos albigenses pudieron escaparse de la persecución de los inquisidores, entre ellos el respetado Guilhabert de Castres, el obispo hereje de Tolosa. Pereille había casado a su hija mayor, Felipa, con el fogoso Pierre Roger de Mirepoix, que había sido, precisamente, uno de los caballeros que habían participado en el asesinato de los inquisidores en Avignonet. De manera que el Papa y el rey de Francia organizaron un ejército para acabar de una vez por todas con aquel último nido de herejes. En mayo de 1243, los cruzados sitiaron Montségur. En el castro vivían por entonces unas 500 personas, 200 de ellas Buenos Cristianos. Sólo contaban con 15 caballeros y 50 soldados; el resto eran mujeres y niños, aldeanos y campesinos. Los imagino allí, colgados del cielo, atrapados en su pequeño pueblo fortificado, escuchando el amenazador redoble de los atabales de guerra y contemplando a vista de pájaro, por las noches, el vasto resplandor de las hogueras del enemigo. Tan pocos y tan solos allá arriba. Con esas fuerzas ínfimas, apenas 65 hombres de armas, resistieron durante 10 meses el asedio y el ataque de un ejército de miles de guerreros.

Al fin, el 1 de marzo de 1244, viéndose perdido, Mirepoix negoció con habilidad una tregua de 15 días antes de rendirse definitivamente; pasado ese tiempo, saldrían del castro. Los herejes serían quemados vivos, pero a los demás se les perdonaría la vida, aunque tendrían que declarar ante los inquisidores. Durante esas últimas dos semanas esperaron inútilmente la ayuda imposible del conde de Tolosa. Luego, tres días antes de que acabara la tregua, y viendo que no había salvación posible, se tomaron las decisiones definitivas. Cuatro Buenos Cristianos consiguieron escapar del cerco con el dinero que poseían los herejes, una bolsa probablemente magra de monedas de oro y plata que se envió a los albigenses exiliados en Cremona y que fue el origen del estúpido mito sobre el fabuloso tesoro cátaro. A continuación, una veintena de personas que, por su condición laica, habrían podido salvar la vida pidieron recibir el consolament, para convertirse en Buenos Cristianos y acompañar a los religiosos a la pira. Sobrecoge pensar en la desnuda heroicidad de esa decisión, en su conmovedora solidaridad ante el suplicio. Entre estos héroes estaba Corba, la esposa de Raymond de Pereille, y su hija Esclarmonde, a la sazón muy enferma por los rigores del asedio. Además había cuatro caballeros; seis soldados, dos de ellos con sus esposas; un escudero, un ballestero, dos mensajeros, una señora, una campesina y un mercader. El 16 de marzo, todos ellos descendieron, zarandeados y empujados por los cruzados, la escarpada ladera de la montaña, hasta llegar a un amplio prado situado a los pies de la roca. Allí fueron introducidos en un corralón de madera que los sitiadores habían construido a toda prisa. Como no tuvieron tiempo para levantar tantas piras, les agruparon a todos dentro del cercado sobre la leña. Eran 225 personas. La inmensa hoguera ardió durante muchas horas y cubrió la comarca con su punzante y apestoso olor a sufrimiento y muerte.

Texto extraído de elpais.com

martes 7 de octubre de 2008

LA CREACIÓN DEL MUNDO

Corría el año 4004 adC, octubre 23, domingo, 9:00 am, quizás 9:05 (Según James Ussher. Otros intelectuales ubican este momento en algún equinoccio pero del siglo siguiente. Preguntar como puede haber equinoccios sin planetas ni soles es herejía.). No había misa, ni perro trayendo el periódico, ni universo. Solo un dios omnipresente, omnipotente, y omnisabelotodo, decidido a romper con la monotonía de la soledad. Y si Dios decide crearse un universo, no hay nada ni nadie que pueda impedírselo (en realidad estrictamente no hay "nada" ni "nadie" para hacer nada).
Entonces, su capacidad creadora se puso de manifiesto, y de la nada materializó una esfera, llamada Tierra, flotando en un montón de espacio vacío. La Tierra estaba vacía y desordenada, lo que supone un problema. Frustrado por no poder culpar a nadie del desorden, puso manos a la obra y se dedicó a ordenar la nada, y para facilitar su tarea, tuvo una brillante idea. Literalmente brillante. Dijo "Sea la luz", y por obra y gracia del reconocimiento de voz, la luz fue. Puso la luz de un lado, y la llamó día, y a lo otro lo llamó noche, y vio que le había quedado lindo, y se dijo "Me voy a dormir porque mañana es lunes y me espera una semana de locos". Y fue la mañana y la tarde del 23 de octubre.
Y amaneció el lunes, y mientras desayunaba cayó en la cuenta de que había demasiada agua junta, y se dijo "Divide y reinarás", y separó las aguas, un poco por arriba del firmamento, y otro poco por abajo. A las primeras les puso por nombre "Cielo" porque le parecía cariñoso. Y vio que le había quedado lindo, y se dijo "Por ser lunes es suficiente. Si Dios quiere, mañana sigo". Y fue la mañana y la tarde del 24 de octubre.
Y el martes madrugó, y vio que aún le había quedado mucha agua y prefirió que no esté toda desparramada por ahí. Entonces separó las aguas para que se descubra lo seco, y bautizó a las aguas "mares" y a lo seco le puso "tierra". Y avejentó la tierra para que en los estudios de datación geológica arrojen millones de años de edad en lugar de unos pocos miles. Y el muy picarón vio que le había quedado lindo, y entonces se puso contento. Pero la tierra tenía color a tierra, y ensuciaba. Entonces pensó que un toque de verde le vendría bien, y ahí mismo empezó a dar trabajo a los demás, diciendo "Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semillas, y bla bla bla". Y la tierra ya lo miraba con mala cara, pero no le quedaba otra y produjo la tierra hierba tal como Dios le había dicho. Y vio Dios que le había quedado lindo, y decidió que ya era hora de dejar para ir a bañarse, así no se perdía el capítulo del Dr. House de los martes. Y fue la mañana y la tarde del 25 de octubre.
Y el miércoles le pegó una repasada a todo en voz alta, y se dio cuenta que llevaba tres días iluminando con luz artificial, y que podría ahorrar mucha electricidad si inventaba la energía solar. Entonces creó dos cuerpos celestes, uno amarillo y otro gris. Y los llamó sol y luna respectivamente. Y ya que la tierra orbitaba en elipses alrededor de nada, puso el sol en uno de los focos de la elipse a ver si Kepler se daba cuenta del detalle. Y la luna la puso girando alrededor de la tierra para que hagan eclipses y esas cosas. Y vio Dios que le había quedado muy romántico, y se fue a dormir pensando algún poema para Afrodita. Y fue la mañana y la tarde del miércoles 26 de octubre.
El jueves Dios empezó a notar que las hierbas eran demasiado pachorras, y prefirió ponerle un poco de vida al asunto. Y pidió a las aguas que hagan seres vivientes, y las aguas se pusieron las pilas e hicieron algunos bichos como el Nahuelito y otros así. Y los cielos crearon pajarracos y otros insectos y vio Dios que casi todos eran lindos y que podía mostrarlos en Animal Planet. Y dijo "Fructificad y multiplicaos" y los bichos empezaron a tener sexo a lo loco y sin preservativo. Y desparramó algunos fósiles por ahí, en las capas inferiores los más simples y en las superiores los más complejos, para despistar a Darwin. Y se fue a dormir pronto porque lo deprimía pensar que al otro día iba a tener que crear al hombre. Y fue la mañana y la tarde del jueves 27 de octubre.
Pero para el viernes, la hierba estaba creciendo mucho, y no había quién corte el pasto, y ya había cualquier cantidad de lechuga. Y dijo Dios: "Produzca la tierra seres vivientes que se coman la lechuga y mantengan el pasto corto". Y creó al ganado... y a los vegetarianos. Y creó también otras especies para que se coman al ganado, y otras para que coman a las que se comen el ganado, y así sucesivamente. Y dijo Dios "hagamos al hombre a nuestra imagen", y nadie entendía porqué hablaba en plural. Y agarró un poco de barro e hizo un muñequito a su semejanza, pero como no se movía le pegó un soplido en la nariz, hasta que estornudó y cobró vida. Y dijo Dios "Bastante bien me salió por no tener un espejo para ver como es mi imágen". Y le dio al muñequito potestad por sobre los bichos y se preguntó cuando tardaría en arruinarlo todo. Y así creó Dios al primer hombre al que llamó Adan al que luego anestesia para intervenirlo quirúrjicamente y extraerle una costilla para hacer manualidades y de ella le sale una mujer con tetas. Y la bautizó Eva. Y vio Dios que le había quedado todo lindo, y se quedó mirandole a Eva las tetas aprovechando que al otro día descansaba. Y fueron la mañana, la tarde y la noche del viernes 28 de octubre, y seguía ahí mirando las tetas de Eva.
Y vio que los sábados no daban ganas de nada y se tomó el día, y lo bendijo. Y así pasó la primer semanita del universo. Amén.

 
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